“Cuando uno viene a trabajar a Tailandia, por mucho tiempo que sea, ve muy poco o nada de Tailandia”. Estas son las primeras palabras que Giorgio me dice al teléfono, después de haberme presentado diciéndole que he vivido allí un tiempo. Su tono no muestra ningún sentimiento de supuesta superioridad, sino más bien el sentimiento de quien sabe que su conocimiento sobre Tailandia es amplio pero no completo, que aún hay mucho que descubrir. Este es su punto de partida: su conocimiento no está basado en la cantidad de años que ha pasado allí, aun así apreciable considerando que vive en Tailandia desde 2003 y que su primera vez en el país fue en 1996, sino en el hecho de haber pasado estos años escavando en el fango y sacando a la luz la realidad. El porqué de esto me lo dice en seguida, cuando explica que cuando un occidental va a trabajar a Tailandia normalmente hace una vida de persona extremadamente privilegiada a quien la verdadera realidad le es inaccesible o como mucho se manifiesta por casualidad al pasar delante de un mendigo pidiendo limosna para, poco después, desaparecer.

A primera vista Tailandia parece un pequeño Edén: es el país de la sonrisa, con playas fabulosas en islas de ensueño, una naturaleza exuberante que da frutos generosamente, temperaturas estivales durante todo el año, trabajo y una población acogedora especialmente hacia los occidentales. Pero esto, existente e innegable, es sólo una de las caras de la moneda: en la otra, más escondida, emergen todas las contradicciones que hacen de Tailandia un país a la vanguardia y rico si es comparado con otros países del sudeste asiático, pero con aún mucho camino que recorrer respecto a los países occidentales en lo que respecta el bienestar de la población y la desigualdad. Si bien todos los aspectos positivos mencionados son ciertos, es así mismo cierto que hablamos de un país sin verdadera democracia, en el cual la censura, una cultura fuertemente marcada por la jerarquía y un nacionalismo muy presente, no facilitan el desarrollo de pensamiento crítico entre los ciudadanos y por lo tanto la emancipación femenina o la movilidad social.

El emblema de estas contradicciones e increíbles desigualdades es seguramente la ciudad de Pattaya, un verdadero caramelito para el turismo sexual donde lujosos rascacielos con apartamentos con vistas al mar y piscinas en la azotea, suburbios, barcos para ir a la bellísima isla de Koh Larn, discotecas y un ejército de 36.000 prostitutas coexisten. Es aquí donde Giorgio vive y ha fundado Tak Care Kids, asociación que se ocupa de acoger y dar refugio y dignidad a niños y mujeres víctimas de todo tipo de abuso.

Es con él con quien he tenido el placer de hablar de la asociación, de Tailandia y de Pattaya descubriendo cosas que incluso yo, a pesar de haber vivido durante casi un año en el país en contacto directo con compañeros y amigos tailandeses, no sabía.

  • En primer lugar: quién es y quién era Giorgio?

Giorgio era un periodista con una pasión desenfrenada por los viajes. Viajes de trabajo, o de placer, en busca de alguna cosa más profunda que una simple foto que guardar en el álbum de recuerdos.

  • Giorgio con los niños de la casa-familia de Take Care Kids. Un periodista que deja su trabajo para fundar y dedicarse totalmente a una asociación de este tipo en la otra parte del mundo no es una cosa que se escucha todos los días, ¿por qué esta elección?

Giorgio y los niños de la casa familia de Take Care KidsNo sois los primeros y (lamentablemente) no seréis tampoco los últimos en preguntarme porqué me he metido de cabeza en esta aventura. Simplemente porque pienso que cada Ser Humano (ed: las mayúsculas son su voluntad) tiene una obligación, si no material, al menos moral de ayudar a quien está peor que él. Esto explica por qué sigo pensando que no estoy haciendo nada extraño o excepcional. Y así ha nacido Take Care Kids, primero en Italia como Onlus en el 2006 y luego como Take Care Kids Foundation Thailand en el 2010, regularmente reconocida por el Ministerio para Políticas Sociales del Reino de Tailandia.

  • Take Care Kids: entonces cuidáis de los niños, ¿pero quiénes son estos niños?

En Pattaya hay un montón de suburbios con chabolas hechas de madera y metal, tanto dentro como fuera de la ciudad. No son tan extendidas como las de ciudades africanas, indias, etc., pero sus habitantes comparten la misma desesperación. Se dividen por nacionalidades: por un lado están las chabolas tailandesas y por otro las birmanas, camboyanas y vietnamitas juntas. Las tailandesas son habitadas por autóctonos desesperados, gente que se refugia en el alcohol o en la droga y que vive a menudo a base de pequeños crímenes. Aquellas habitadas por diversas etnias nacen sobre todo como campos para trabajadores extranjeros. En la práctica vive allí quien trabaja en la construcción de edificios, rascacielos, etc.

En este contexto el problema más grande tiene que ver con los niños que viven allí: no tienen acceso a la escuela pública, a menudo acompañan a los adultos al trabajo y son víctimas de accidentes en canteras, a veces mortales. Si los niños permanecen en el campo son fácilmente tomados por los “cazadores de niños” que conocen muy bien la realidad que los circunda. Estos niños son forzados a pedir limosna en los arcenes de la calzada o bien, los más mayores (3-4 años), usados para vender caramelos, flores, etc. en los bares de la Pattaya nocturna.

  • ¿Qué hace Take Care Kids exactamente?

Take Care Kids trabaja ante todo con su Casa Familia en la cual hoy da refugio a 14 niños, una madre y su hijo enfermo. Una vez en nuestra vivienda, después de un periodo inicial de adaptación, el niño comienza a ir al colegio y, lo que es más importante, intenta retomar la confianza en el Ser Humano Adulto.

A parte de esto cooperamos también con hospitales locales buscando aliviar el sufrimiento de niños que se encuentran entre la vida y la muerte debido a abusos y violencia. No importa el status del niño, incluso si está condenado le ayudamos a morir con amor y dignidad.

También ayudamos a las madres solteras, con grandes necesidades, a mandar a sus propios hijos al colegio: ir a la escuela implica sobre todo no estar en la calle a merced de miles de peligros.

Por último, vamos a los suburbios con la excusa de llevar ropa y material usado para tener un registro de los niños que viven allí. Más que nada es una forma de controlar su estado de salud.

  • ¿Cómo entran estos niños a formar parte de vuestra familia?

En la mayor parte de los casos son los servicios sociales locales quienes los traen y nos los dejan. Otras veces sucede que somos nosotros mismos quienes vamos a buscarlos, o es el núcleo Woman and Child Protection, un grupo especial de la policía, quien lo hace.

  • Me has dicho que Take Care Kids existe desde el 2006 y está en Tailandia desde el 2010, ¿cómo hacéis para mantener la asociación?

Quiero empezar diciendo que para nosotros todas las donaciones, de cualquier cantidad o tipo, tienen el sabor y el olor a Vida. Sean económicas o en especie para nosotros son fundamentales para continuar esta aventura. No tenemos patrocinadores importantes o grandes empresas que nos mantengan: somos respaldados principalmente por personas que nos conocen desde hace años, que han comprendido y visto lo que hacemos y por esto se fían de nosotros y nos apoyan. Son ellos, junto con el trabajo extraordinario de los voluntarios que tenemos en Italia y Tailandia, el corazón palpitante de Take Care Kids. Es gracias a ellos que conseguimos sostener la asociación y sus proyectos, y a ellos va todo el mérito de que hoy sigamos existiendo.

Nuestros proyectos tienen un coste anual de 50.000 euros incluyendo todo – realmente todo- lo que hacemos y que he explicado antes. Cada donación para nosotros marca la diferencia, incluso un simple pollo para dar de comer a nuestros pequeños (haz click aquí para leer la entrevista a Laura y ver qué poco basta para marcar la diferencia).

  • Las donaciones económicas, cómo se gestionan?

Intentamos programarnos mensualmente, pero luego siempre sucede alguna cosa que nos obliga a empezar de nuevo. Conmigo trabaja Maria, una mujer extraordinaria que desde hace tantos años se ha unido a nuestra causa por y para todo. Con ella hemos conseguido superar muchas tormentas y sabemos que otras llegarán, pero siempre decimos que juntos no nos gana nadie. ¿El dinero? Siempre digo que no es importante cuánto, sino cómo se gasta. Contamos hasta el último céntimo, estamos atentos a cómo se usa. Tenemos un gran respeto por el dinero que nos confían y que llega en gran parte de quien madruga para ir a trabajar y hacer que las cuentas cuadren a fin de mes.

Si quisieras hacer una donación de cualquier tipo a la asociación, debes saber que la página web de Take Care Kids (aquí el enlace) da la posibilidad de hacer donaciones ya sea a través de una transferencia bancaria (a una cuenta italiana, luego en el área SEPA) o a través de Paypal.

Filippo Paggiarin

Traducido en castellano por Patricia Perez Martin

<<<<<<<<< El voluntariado y las ONG: ¿quiénes son en realidad?                                         LA VITA NELLA CASA-FAMIGLIA DI TAKE CARE KIDS A PATTAYA, THAILANDIA>>>>>>>>>>

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