La inquietud de los llanitos

Pocos territorios tan pequeños han sido tan relevantes a lo largo de la historia. Una pequeña península de menos de 7km² dominada por un peñón de poco más de 400m de altura. Un macizo de roca calcárea formada hace unos 200 millones de años que hace de puerta del mar Mediterráneo. Un enclave de suma importancia estratégica y militar en la que los británicos excavaron una red de túneles temiendo una invasión por parte de las potencias del eje.

Gibraltar fue uno de los últimos lugares habitados por los neandertales antes de su desaparición tras la llegada del homo sapiens. La mitología griega ubicó aquí una de las Columnas de Hércules, que durante la antigüedad marcaban el fin del mundo conocido, de la navegación segura. Durante mucho tiempo se decía que Non Terrae Plus Ultra (no hay tierra más allá). Los árabes bautizaron este lugar como Yabal Tariq (montaña de Tariq) en honor al general que desembarcó aquí con las fuerzas del Califato de Omeya.

La muerte sin descendencia del rey Carlos II en 1700 fue el desencadenante de la Guerra de Sucesión Española, que se convertiría en un conflicto entre las principales potencias europeas. Felipe V, sobrino de Carlos II, era el candidato favorito de Francia puesto que también era heredero al trono francés. Mientras tanto Inglaterra, Países Bajos y el Sacro imperio Romano Germánico apoyaban la coronación del Archiduque Carlos de Austria con tal de impedir la hegemonía francesa.  La guerra se dio por concluida cuando España, Inglaterra y Países Bajos firman el tratado de paz de Utrecht (1713). Felipe V sería reconocido como monarca y a cambio, entre otras cosas, Inglaterra recibiría Gibraltar, que ya había sido tomada en 1704.

España ha intentado en diversas ocasiones recuperar esta importante plaza. A lo largo del siglo XVIII se llevaron varios asedios infructuosos en un marco de decadencia del Imperio Español y  auge del Británico. Años más tarde el Dictador Francisco Franco endureció su actitud hacia Gibraltar, reactivando campañas que reclamaban el Peñón. La medida más drástica fue el cierre de la verja fronteriza entre Gibraltar y La Línea de la Concepción desde 1969 hasta 1982 (7 años después de su muerte) en detrimento de la economía del Peñón y de la comarca vecina del Campo de Gibraltar, muchos de cuyos habitantes trabajaban en la colonia.

     

Hoy en día Gibraltar se define como territorio británico de ultramar, al mismo tiempo que la ONU la describe como territorio no autónomo supervisado por el Comité Especial de Descolonización. Su economía se basa en el turismo, el subministro de combustibles navales, el comercio (muchos españoles acuden para comprar combustibles, tabaco…), los servicios financieros y durante la última década han florecido casas de apuestas y juegos de azar online con sede fiscal en Gibraltar.

Desde la instauración de la democracia, España sigue reclamando por medios pacíficos la soberanía sobre el Peñón de Gibraltar, convirtiéndose este asunto el principal talón de Aquiles en las relaciones entre autoridades Británicas y Españolas. En los últimos años se han vivido numerosas situaciones de tensión entre pescadores de la Bahía de Algeciras y la Royal Police Gibraltar; en más de una ocasión este cuerpo de policía ha imposibilitado la labor de los pescadores alegando la soberanía sobre las aguas donde a menudo faenan. Otra de las problemáticas habituales son las largas colas que a menudo la policía española generan en los puestos fronterizos para entrar o salir del Peñón, lo cual supone un fastidio para la población local y los trabajadores españoles que acuden aquí en las jornadas laborales.

La victoria del Bréxit supone un escenario incierto para los habitantes del Peñón y del Campo de Gibraltar, que temen frente a la posibilidad de vivir un nuevo aislamiento similar al sufrido durante la segunda mitad del siglo pasado. Al mismo tiempo las autoridades españolas esperan que este nuevo contexto pueda suponer el acercamiento de este enclave británico, planteando una cosoberanía. Sin embargo los propios gibraltareños se oponen de forma tajante a este acercamiento.

Parece que lo tienen bastante claro: Un referéndum celebrado en 2002 ya proponía una cosoberanía entre España y Reino Unido en el peñón. Con una participación del 88%, esta propuesta fue rechazada por el 99% de los votantes. La población “llanita”, compuesta por algo más 30.000 habitantes, descendentes de Españoles, Británicos, Genoveses y Portugueses, y que habla un  español Andaluz fuertemente influenciado por el inglés británico, volvió a acudir a las urnas el pasado mes de Junio para participar en el referéndum del Bréxit, votando de forma mayoritaria a la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea.

Está claro que la gran mayoría de la población quiere seguir manteniendo únicamente su nacionalidad británica y seguir perteneciendo a la UE. De momento Fabian Picardo, ministro principal de Gibraltar se muestra confiado en que desde Londres se harán todos los esfuerzos posibles para mantener el estatus del Peñón, pese a que en la carta de activación de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, firmada el pasado 29 de marzo por la primera ministra, ni siquiera se menciona este  pequeño territorio británico.

Michael Howard, antiguo líder del partido conservador británico, no dudó en declarar hace pocas semanas que la primera ministra Theresa May defendería Gibraltar del mismo modo que su antecesora Margaret Thatcher hizo hace 35 años con las Islas Malvinas. El ministro de defensa Británico Michael Fallon fue menos entusiasta, pero también aseguró que Gibraltar sería defendida hasta las últimas consecuencias. La propia Theresa May ha tenido que ser la encargada de apaciguar los ánimos y disminuir las alertas sobre un hipotético conflicto bélico.

Nadie sabe muy bien como transcurrirá la salida del Reino Unido de la UE, pues es la primera vez que un país miembro de la Unión solicita la desconexión. En los próximos meses se irán viendo como quedan las relaciones entre ambas partes, las cuales serán decisivas para Gibraltar. Probablemente que los las autoridades españolas seguirán aprovechando la situación de incertidumbre de los llanitos para intentar acercarse de nuevo al Peñón que lleva más de 300 años bajo dominio británico. Lo que si está claro es la voluntad de sus habitantes de mantener este pequeño trozo de tierra al sur de la península leal a la reina Isabel.

Andoni Bengoetxea Artexe

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