El turismo de borrachera

Sin duda España es un destino vacacional muy apreciado por los europeos. A partir de los años 60, ciudadanos de países europeos más desarrollados que España (entonces inmersa en una dictadura que la había mantenido aislada del resto del mundo durante los 20 años anteriores) empezaron a interesarse en veranear en este país atraídos sobretodo por el buen clima y su bajo coste. Algunos hombres de negocios no dudaron en aprovechar esta oportunidad para promocionar este turismo de Sol y Playa, lucrándose con la construcción de complejos hoteleros, viviendas de verano y restaurantes a pié de playa en las costas de las provincias de Alicante y Málaga. Hoy en día, al visitar ciudades como Benidorm y Marbella podemos entender la dimensión de ese boom originado por el turismo.

Actualmente, el perfil de turista que viaja a España para pasar sus vacaciones ha variado.Continúa siendo numeroso el numero de europeos (Británicos, Alemanes, Franceses, Holandeses, Belgas…) que acuden a las costas españolas en busca de la calidez que a menudo es difícil encontrar en sus lugares de origen. Sin embargo ha prosperado en los últimos años un tipo de turismo que ha sido bautizado como “Turismo de Borrachera”, en el que jóvenes procedentes de diferentes países europeos acuden a diferentes puntos de la costa española en busca de fiestas desenfrenadas donde el abuso del alcohol y el incivismo se convierten en protagonistas.

Un viaje de este tipo se ha convertido ya en una especie de ritual para muchos jóvenes británicos e irlandeses. Unos días de fiesta desenfrenada como un paso de la adolescencia a la edad adulta, en la que tendrán responsabilidades mayores que impidan cometer locuras. Casi una tradición para ciertos sectores de la sociedad en las islas británicas.

Algunos de los factores que llevan a estos jóvenes (prácticamente la totalidad de ellos británicos e irlandeses aunque también alemanes) a embarcarse en un viaje de estas características son el bajo precio del alcohol en comparación con sus países de origen, los horarios de pubs, discotecas y puntos de venta de alcohol que permiten salir hasta el amanecer, pero sobretodo el hecho de estar lejos de sus casas, donde nadie los va a juzgar y se encuentran en un ambiente lleno de gente que ha venido con el mismo objetivo que ellos.

Sin duda esto supone un enorme negocio para los empresarios de la noche, los puntos de venta de alcohol barato, comida basura, para el sector hotelero y para las agencias que organizas eventos, fiestas e incluso packs para los jóvenes que desean.

Este tipo de turismo también es a menudo denominado como “turismo basura”. Impulsado por los vuelos “low cost” y plataformas como Airbnb que permiten encontrar un alojamiento económico de forma sencilla, este tipo de turismo se nutre a menudo por un sector de la sociedad que viaja sin ningún tipo de inquietud, con la única intención de encontrar la fiesta mas salvaje posible, pasando su estancia en “Guetos festivos” donde es prácticamente imposible encontrar a la población local y todo construido por y para estos extranjeros, de forma que al volver a casa apenas saben ubicar en un mapa el lugar donde han estado.

En la cima del turismo de borrachera debemos ubicar a Magaluf, localidad costera situada a 15km de Palma de Mallorca. Miles de jóvenes Británicos e Irlandeses acuden todos los veranos a esta localidad de la isla de Mallorca, a menudo comprando packs de viaje completo a agencias que prometen fiesta, playa, alcohol y sexo. Son estas mismas agencias, casi siempre extranjeras, las que organizan todo tipo de fiestas, puc crawls y boat parties, definiendo a Magaluf como la Party Meca.

A menudo Magaluf ha aparecido en los medios por escándalos como el caso del “mamading”, que consiste en el intercambio de sexo oral a cambio de bebidas gratuitas. Se hizo muy famoso un caso que tuvo lugar el verano de 2014 en el que una joven norirlandesa práctico felaciones a más de 20 hombres a cambio de un simple coktail. Otro de los clásicos es el “balconing”, donde jóvenes en estado ebrio se dedican a saltar de balcón a balcón o bien de un balcón a la piscina del hotel, cobrándose ya a varias víctimas normales. Además de ello, los problemas derivados por el abuso de las drogas como los abusos sexuales y las reyertas están a la orden del día en esta localidad mallorquina.

Shows televisivos como Gandía Shore, emitido en la própia televisión española y inspirado en el célebre Jersey Shore, o We Love Lloret de la televisión alemana han contribuido a estigmatizar aún más estas localidades costeras de cara al gran público.

El turismo basura también ha degradado lugares como la Barceloneta, un tradicional barrio de gente pescadora y obrera ubicado entre el puerto y las playas de Barcelona, donde todos los veranos los vecinos deben convivir con las peleas, los gritos los vómitos y las meadas de este tipo de turistas.

De este modo nos encontramos en un conflicto entre los empresarios y los trabajadores que se ganan la vida gracias al turismo de borrachera, y los vecinos que deben convivir en este ambiente y que ven como sus ciudades y barrios ganan una reputación poco deseable.

Un grupo de vecinos de Lloret de Mar se manifiesta contra el turismo de borrachera en 2011

Podemos encontrar un ejemplo de este caso en Salou, una localidad costera de la provincia de Tarragona, no muy lejos de Barcelona. En esta ciudad se venía celebrando desde hace 16 años la que era conocida como Saloufest, un macro evento inspirado en el “spring break” estadounidense, que ha llegado a atraer hasta cerca de 10.000 jóvenes británicos en varias tandas durante diferentes fines de semana de primavera, con un impacto de 5M€ en la localidad. La empresa organizadora se ha visto obligada a anular este multitudinario evento debido a las presiones de las autoridades locales y regionales.

Puede que a corto o medio término este tipo de turismo suponga una importante fuente de ingresos para muchos empresarios y comerciantes locales, así como un generador de numerosos empleos directa e indirectamente. Sin embargo se debe considerar que este fenómeno turístico no aporta más que lo meramente económico, ningún valor extra como puede ser el intercambio cultural. Además se deben tener en cuenta los perjuicios causados a la población local y la reputación que se gana España en el extranjero como paraíso del abuso del alcohol, del sexo fácil y de las fiestas descontroladas. A partir de aquí las instituciones correspondientes deben considerar si es conveniente promocionar o bien regular y restringir este tipo de turismo a largo plazo.

Andoni Bengoetxea

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *