En mi vida he tenido la oportunidad de vivir en el Reino Unido dos veces. La primera después de la escuela secundaria, cuando pasé siete meses en Londres y ahora, en Cardiff, la capital de Gales. En este artículo quiero contarles sobre una característica de Gran Bretaña que encuentro particularmente fascinante.

Aunque nuestro presente empuja a comercializar rápidamente todo lo que es extraordinario, reduciéndolo a stupidez, en el Reino Unido persiste una atencion hermosa y cuidadosa al magico. No es para nada que este es el país de reyes y reinas, mesas redondas, príncipes y princesas, paisajes increíbles, rituales antiguos, megalitos dispuestos en círculo, druidas, magos, religiones perdidas, monstruos marinos, hadas y fantasmas. La devoción a lo fantástico está muy viva también en la sociedad moderna y en particular en la literatura: desde Shakespeare hasta la Sra. Rowling, pasando por Blake y la Sra. Travers (autriz de Marry Poppins). Entonces, caminando por las calles de Bristol se encontraran fantásticas obras de Banksy y dentro de los museos se podrá admirar exhibiciones de magia, o en Cardiff escuchar leyendas sobre el dragón rojo, el símbolo de Gales.

Sin embargo, en este artículo no quiero escribir sobre reyes y cuentos de hadas, sino sobre lo que aquí es un deporte nacional: el rugby. De hecho, en este artículo quiero narrar la historia de un increíble partido de rugby jugado en 1905 en Cardiff Arms Park, donde hoy se encuentra este estadio en el centro de la ciudad.

El Cardiff Arms Park (en la izquierda) y el nuevo Millennium Stadium donde el equipo de rugby Gales juega ahora (en la derecha)

A principios del siglo pasado, Nueva Zelanda decidió demostrarle al mundo entero que su división de rugby no era inferior a ninguna otra. Con este objetivo en mente, en 1905 el equipo de Nueva Zelanda, los terribles All Blacks, se embarcó en el Rimutaka que los llevaría a Europa, más precisamente al Reino Unido: la tierra natal del rugby. Aquí se habían organizado una serie de partidos con todos los equipos más famosos del reino. Después de un mes y medio de viaje, los All Blacks atracaron en Plymouth y decidieron ir a pie a Newton Abbot (a 24 km), solo para recuperar su estado físico. El primer partido tuvo lugar 8 días después y fue ganado por los All Blacks con una ventaja de 51 puntos. En Inglaterra jugaron 19 partidos, todos dominados por los neozelandeses.

La misma historia se repitió en Escocia, luego en Irlanda y nuevamente en Inglaterra, donde en Londres jugaron contra el equipo nacional inglés frente a una audiencia de 100 mil espectadores, incluido el futuro rey Giorgio V; los All Blacks ganaron allí también.

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El equipo de rugby inglés enfrenta a los All Blacks. Illustración de aquella época por Frank Gillet

El 16 de diciembre de 1905, los All Blacks se reunieron en Cardiff, que, con sus 160,000 habitantes, acababa de recibir el estatus de ciudad del Rey Eduardo VII. Mientras que en el vestuario los muy fuertes jugadores de Nueva Zelanda se preparaban para el juego, el estadio se llenó como nunca antes, alcanzando la capacidad máxima de 47,000 personas. Una de cada tres familias de Cardiff estaba allí para asistir a un partido que habría marcado la historia del rugby para siempre. Una vez que todos los asientos en el estadio fueron ocupados, los oficiales de seguridad cerraron las entradas. Recibidas instrucciones, los jugadores finalmente salieron de los vestuarios en un rugido de gritos y aplausos. Los dos equipos se alinearon uno frente al otro; La tensión era palpable. Tan pronto como los All Blacks terminaron su poderosa danza maorí, el haka, el silencio se hizo pesado, casi tangible. Fue entonces que el capitán de Gales, Teddy Morgan, comenzó a cantar el himno nacional galés Hen Wlad fy Nhadaun (la tierra de nuestros padres). Era la primera vez que se cantaba un himno nacional en un encuentro deportivo internacional. Después de un momento de sorpresa, los compañeros se unieron a su capitán y en poco tiempo todo el estadio estaba cantando el himno nacional en galés, un idioma oprimido durante siglos por la corona y considerado subversivo.

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Una situación de juego del partido Gales V Nueva Zelanda

El juego estuvo muy cerca, pero finalmente Teddy Morgan y sus compañeros lo lograron y derrotaron a los All Blacks por tres a cero. Incluso entonces el rugby era el deporte por excelencia en Gales, pero muchos creen que después de ese partido el rugby se hizo aún más popular. No solo por la victoria obtenida, sino, sobre todo, por el momento mágico que tuvo lugar en el estadio. Momentos de experiencia que todos los espectadores presentes contaron a sus queridos, con un renovado sentido de orgullo y pertenencia a esta hermosa región que es Gales.

Giovanni Sgaravatti

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